Proyecto de interiorismo para el restaurante Pötstot

Y si existiera un espacio donde todos pudieran disfrutar sin excepciones ni restricciones?

Pötstot nace para dar respuesta a esta necesidad compartida por muchos: poder salir a comer sin preocupaciones y sin renuncias.

En su segundo local, situado en el barrio del Raval en Barcelona, Pötstot propone una cocina 100% sin gluten, vegana, sin lactosa donde todos los comensales —con o sin intolerancias alimentarias— pueden disfrutar por igual.

Desde Coblonal Interiorisme, hemos asumido el reto de traducir esta esencia en un proyecto de interiorismo honesto, cálido y funcional. Un espacio de 116 m² (78 m² de zona de restauración y 38 m² de cocina) donde cada detalle arquitectónico y estético ha sido pensado para reflejar la filosofía de sus creadores y ofrecer un entorno acogedor, versátil y lleno de carácter, donde la arquitectura se convierte en una expresión de una propuesta gastronómica consciente y cuidada.

Una distribución que acompaña la experiencia

El local cuenta con 78m² de zona de restauración, con capacidad para 45 comensales, y 38m² adicionales de cocina. Se trata de una distribución que se articula de forma fluida y funcional.

En la zona de entrada, encontramos el comedor principal; le sigue una barra de servicio y, más al fondo, la cocina —cerrada pero conectada con el comedor mediante un pasaplatos—, una despensa, los baños, un espacio de uso privado para el equipo y, finalmente, un comedor posterior, más íntimo, pensado para grupos o comensales que buscan mayor recogimiento.

La propuesta matérica juega con madera de pino, un pavimento original de terracota y obra vista pintada en blanco, acompañado con una paleta de colores en tonos verdes, granates y marrón óxido.

Una cocina sin renuncias

La historia de Pötstot comienza con Manel Forés y Quim Viñas, dos restauradores con años de experiencia en restauración tradicional que vivieron en primera persona cómo las intolerancias alimentarias limitaban el simple hecho de salir a comer. La falta de opciones seguras en las cartas les llevó a imaginar un nuevo concepto: un restaurante donde cuidarse no suponga renunciar.

Nació así Pötstot, un juego de palabras que en catalán significa “pots tot”, es decir “puedes todo”. El resultado: un restaurante con identidad propia, donde cada elemento —desde la cocina hasta el mobiliario— apuesta por el bienestar, la sostenibilidad, y dar cabida a todos.

Y, precisamente, ese espíritu nos inspiró a diseñar un espacio cálido, cómodo y versátil, donde cualquier comensal —ya sea en grupo o en solitario— se sienta como en casa.

Comedor principal: el alma del espacio

Este es el corazón del proyecto y donde se ha concentrado la principal actuación de Coblonal. Nuestra intervención ha partido del respeto por los elementos existentes, conservando el forjado original de vigas de madera y el pavimento de terracota. En torno a estos materiales, articulamos un escenario que apuesta por la calidez, el orden visual y el confort.

Para reforzar la sensación de recogimiento, diseñamos una bancada continua de madera de pino a lo largo de todo el lateral izquierdo del local. Por encima, instalamos un sistema de cojines grises a modo de respaldo, anclados a la pared, que aportan ergonomía sin restar limpieza visual.

El resto del mobiliario también dialoga con la esencia sostenible de Pötstot: la mayor parte de las sillas son de segunda mano, cuidadosamente retapizadas con nuevos tejidos de mayor calidad. La intención era clara: reutilizar, pero elevar.

Jerarquía de mesas y materiales: calidez y funcionalidad

La distribución de mesas se organiza en varios niveles: mesas adosadas a la pared, dos mesas laterales y una gran planta central que actúa como elemento de transición visual.

Destacan especialmente las mesas fabricadas con una lámina de hierro pintada para emular el óxido, en tonos marrones, que aportan carácter y textura al conjunto.

Toda la composición combina materiales como madera de pino, fibras naturales, hierro y vegetación, bajo una paleta de tonos verdes y terracotas, para generar un ambiente neutro pero acogedor.

Algunos elementos, como las combinaciones de madera e inoxidable, hacen un guiño al diseño mid-century, reforzando una estética fresca y contemporánea.

Uno de los elementos clave de la configuración del espacio fue la distribución de las mesas. El objetivo era lograr un escenario flexible y versátil que permitiera alojar tanto a un grupo de comensales, como a una pareja o un único comensal, sin sacrificar y teniendo en cuenta los flujos de circulación del personal.

Iluminación con carácter

La iluminación también se ha trabajado a distintos niveles. En el centro del comedor, cuelgan dos lámparas suspendidas de gran formato, con un efecto vaporoso y formas orgánicas, pensadas para realzar la altura del techo forjado y añadir ligereza al conjunto.

En los laterales, hemos optado por iluminación de pared mediante apliques, evitando saturar el techo y aportando calidez en los puntos clave.

Completamos la iluminación con diversas lámparas decorativas de morfologías diferentes, distribuidas por el espacio, para aportar ritmo, dinamismo y acentuar esa sensación de hogar.

Zona de barra: funcionalidad con identidad

Al fondo del comedor principal se encuentra la barra, diseñada íntegramente por el equipo de Coblonal. Este elemento funciona como espacio operativo: almacén de vajilla y cubertería, zona de bebidas, vinos y cafetera.

La barra está confeccionada con madera de pino y un sobre de mármol marrón emperador, al que quisimos dotar de protagonismo. Por este motivo, seleccionamos una lámpara suspendida de segunda mano, de vidrio ámbar con aguas de color, que aporta un brillo especial al mármol y lo diferencia del resto del mobiliario.

El otro extremo del sobre aloja una lámpara Nessino de la marca Artemide en color blanco, un auténtico icono del diseño italiano de los años 60 que conecta directamente con la estética general del proyecto.

En la parte inferior de la barra, se incorpora una hornacina a dos caras —visible desde distintas perspectivas— que sirve para almacenar cartas, cubiertos y vajilla.

Finalmente, la pared frontal de la zona de barra introduce de forma directa el color verde corporativo de Pötstot, con detalles de inoxidable y retroiluminación que refuerzan su identidad visual.

Pasillo de conexión: continuidad cromática

Entre el comedor principal y el comedor posterior, encontramos un pasillo que actúa como nexo funcional y estético. Lo hemos pintado íntegramente en verde eucalipto, el tono corporativo de la marca, reforzando la continuidad espacial y conectando visualmente con la barra.

En este tramo se encuentra el pasaplatos que comunica con la cocina, y dos puertas de acceso a los baños, además de una sala privada para el personal, donde pueden cambiarse y guardar sus pertenencias con comodidad.

Baños: un espacio con identidad y esencia propia

En esta zona, optamos por una paleta monocromática, donde todo el espacio se pinta en el mismo tono granate. El lavamanos de cerámica rojo, una pieza recuperada, se convierte en protagonista del espacio, acompañado por grifería nueva e iluminación específica que realza su carácter singular.

Este baño resume bien la filosofía del proyecto: una estética coherente que no renuncia a introducir piezas únicas que aporten personalidad y memoria.

Comedor posterior: intimidad flexible

Este segundo comedor, ubicado en la parte posterior del local, está pensado como una sala versátil que puede acoger entre 8 y 10 comensales, ya sea como espacio privado o como continuidad del comedor principal.

Este segundo comedor, ubicado en la parte posterior del local, está pensado como una sala versátil que puede acoger entre 8 y 10 comensales, ya sea como espacio privado o como continuidad del comedor principal.

Sigue la misma línea estética: bancada de madera de pino, cojines grises en la pared, las mismas sillas de fibras naturales de estilo mid-century, paredes verdes y una iluminación cálida mediante apliques a diferentes alturas.

En este espacio, destaca especialmente la incorporación de una estantería de segunda mano, con perfil tubular, que actúa como mueble de servicio (almacenaje de copas, platos, vasos) y elemento decorativo. Aquí incluimos objetos como un tocadiscos, altavoces y otras piezas decorativas, que aportan un aire más informal y humano al espacio.

Restaurar. Un diseño con memoria

Uno de los retos del proyecto ha sido la recuperación de toda la madera original del local: puertas, ventanas y carpinterías interiores. En lugar de sustituirlas, optamos por un proceso de decapado artesanal, retirando capas de pintura para dejar visible la esencia del material original.

Completamos este gesto con pomos, manillas y cerrojos nuevos, seleccionados cuidadosamente para mantener coherencia estética con el resto del proyecto.

Este trabajo minucioso y artesanal es reflejo de la mirada Coblonal. Y es que no se trata de imponer una estética. La clave está en calibrar la esencia y sello propio del espacio, y potenciarlo desde el diseño. Este enfoque aporta autenticidad y conecta con la filosofía de sostenibilidad del restaurante.

Un restaurante donde “puedes todo” y el diseño te cuida

Con Pötstot, Manel y Quim han creado una comunidad donde todos pueden disfrutar de la comida sin miedo, sin exclusiones, sin etiquetas. Y desde Coblonal, hemos querido traducir esta idea en un espacio que abraza, cuida y celebra. Un restaurante donde el diseño decora, pero también acompaña.

Cada decisión proyectual, cada textura, cada luz, forma parte de una narrativa compartida: la de un lugar donde comer bien, cuidarse y sentirse cómodo es —por fin— lo más normal del mundo.

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Plano de distribución

¿Cómo era antes?

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